Emociones positivas: emociones agradables producidas por el logro de alguna meta. Al sentirnos bien no revisamos con cuidado los planes y procesos cognitivos empleados para alcanzar la meta por ello las emociones positivas duran menos que las negativas que requieren una revisión exhaustiva de lo sucedido. Sin embargo las emociones positivas producen una apertura hacia nuevas experiencias, promueven el desarrollo de la creatividad y por lo tanto la consecución de nuevas metas antes no imaginadas. Algunos estudios relacionan el nivel de declive mental en la ancianidad con la falta de emociones positivas a lo largo de la vida. Ejemplos: alegría, bienestar, fortaleza, compañía, esperanza, serenidad, felicidad, amor, etc.
Emociones negativas: emociones desagradables que suceden cuando no se consigue una meta, o se produce una amenaza o una pérdida. Las emociones negativas requieren una revisión de los planes y estrategias cognitivas que han fallado o no han sido suficientes. El desarrollo de la creatividad también es indispensable para resolver el problema que bloquea la consecución de la meta. Estas emociones están relacionadas directamente con los instintos más básicos, como el de la supervivencia inmediata y la adaptación. Son necesarias para ponernos en alerta ante los problemas del medio. Ejemplos: malestar, desgracia, tristeza, debilidad, soledad, etc. Para resolver los problemas que provocan las emociones negativas son necesarias ciertas emociones positivas como la fortaleza y la esperanza. Estas emociones positivas las desarrolla el individuo sirviéndose de diversos procesos cognitivos aprendidos.
Luego, ambos tipos de emociones tienen sus aspectos “positivos” y “negativos”, no pueden existir unas sin los otras. A lo largo de la vida deberán coexistir y cumplir su función gracias a los procesos cognitivos aprendidos para conseguir resolver los problemas que nos acaecerán.